martes, 15 de diciembre de 2015

La abuela Carmen, cantaba....

Aunque resultara difícil de creer. Cantaba.

Y se sabía un montón de letras

Y destruyó la imagen que tenían los hijos y familiares. Nunca cantó.... hasta que lo hizo.

La culpa -si se puede llamar así- la tuvo Iván, el del bar de debajo de su casa.

Veníamos el pandillón Flores Martín de no sé qué paseo. Era la hora de tomarnos un piscolabis y recalamos en "La Marimba", que es un bar extraño, regido por un granaíno de la más pura cepa, pero del que tenemos que admitir que ha tratado a la abuela como poca gente.

Nos metimos al fondo del bar. Pedimos unos refrescos, unas cervezas y, tapas. A la abuela, un "tinto de verano", sin alcohol, claro.

Estamos jugueteando, y, con el tiempo, consumimos la primera ronda. Pedimos la segunda y, al cabo de un rato de decir chorradas, estábamos, creo, enseñando a Umaima, canciones de nuestra infancia y en cierta forma, divertidas. Concretamente "el señor Don Gato"

Pues con el "marramamiau, miau, miau", y muertos de risa, vemos cómo la abuela se suma a la panda. Es decir, cada vez que llegábamos al estribillo, ella participaba con el mismo entusiasmo de todos...

Empezamos de nuevo la canción. ¡Esto funciona!. ¡La historia al diablo!....

O sea, que canta. Nos lo apuntamos para un futuro próximo. 

Al final, al salir, le pregunté a Iván sobre si el segundo "tinto de verano" era normal o sin alcohol.... vaciló al contestar y dijo algo así como "¡labin, si era para la abuela!....¿qué ha pasado?

.... Nada, nada.... 

Y, ahí comenzó todo.


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