domingo, 13 de diciembre de 2015

El hambre del suegro....

... peligrosa.

Y, el resto de la familia, despistados.

Año 1975, en Agosto, creo. Estamos en Noruega, con los suegros, Pily, Inmaculada, Alicia y yo y una amiga que se nos había unido al viaje.

Hemos ido a Bergen... a darle una sorpresa a Christian, el chico noruego que empezó sus estudios de medicina con la cuñá. Hemos ido, sin avisarle, por eso de la sorpresa. Hemos  hecho más de 5000 kms desde Granada.... y un día cualquiera, no sabemos por qué, después de deambular por Bergen, saludar a la madre de nuestro amigo ...."no, no Christian, no está. Se fue al norte". Pasear, pasear, y admirarnos de los maravillosos paisajes y entornos varios, hemos vuelto al camping.

Es "tarde".... Alrededor de las nueve de la noche, hora local. Hace un sol magnífico, en un cielo azul y, de pronto, "caemos" en que es la hora de la cena....Atención a la cesta de las provisiones....aquí no están. No hay nada. 

El camping es chiquitito, doméstico, no tiene ni recepción, ni nada. Sólo unos servicios, dentro de una casa de madera, ocupados por mosquitos que parecen bombarderos de la segunda guerra mundial. 

Pero, no hay nada que cenar... Lo que se dice nada. Y, entre dudas de unos u otros, también 'caemos' en la cuenta de que... es domingo. O sea, la pequeña tienda que habrá en alguno de los alrededores... estará cerrada.

Todo el mundo disimula. Nos ponemos a jugar al fresbee. Los abuelos, sentados en el prado. Oigo a Rafael diciendo ¿cuando vamos a cenar?. Carmen, muy prudente le dice que no hay nada para cenar... El hombre está serio. Nosotros jugando, ocupando el tiempo vaya.

A eso de las 10,30, todavía con bastante luz, pero bastante, nos acostamos. Cada gente en su tienda.

El ambiente nocturno es más bien triste, por el hambre, claro. Por el hambre de todos y, supongo, que estaríamos tratando de dormir más deprisa para gastar la noche cuanto antes mejor.

Alrededor de las tres de la mañana, oigo a los suegros cuchicheando entre sí. Estamos al lado de su tienda. Me levanto, me asomo y veo cómo el suegro sale de la suya.

Me visto a toda velocidad y salgo también. Vamos al servicio, en principio, en silencio. Inmediatamente de servidos me dice Rafael: "vamos a buscar algo que comer". No es de día, pero se apunta un alba limpia. Cogemos el coche y, por parecer que sé a dónde voy tiro carretera adelante.....Media hora, algo más. Aparentemente estamos yendo a un sitio donde habrá qué desayunar. Yo, busco gasolineras, que las hay, pero todas cerradas. En principio sé que hay una carretera que va hacia el norte -hacia Bergen- y otra que va hacia el sur, la de vuelta a casa. No sé si hay otras que puedan llevarme a sitios más civilizados. Es de día, con sol ya salido y no hay en las calles, ni gatos, ni perros. Nada de nadie. Nadie de Nadie. 

A lo lejos, un letrero. Nos acercamos. Es una tienda de muebles, chasco... Media vuelta, hacia el norte.  Ya voy más despacio y más o menos orientado me introduzco en calles de urbanizaciones que hay a los lados de la carretera. Busco alguna plaza central o kiosko, ¿de churros?, ¡Je!. ¡Qué va a haber kioskos de churros con cafetin y copita de anís en Noruega!. Nada, ni arenques con mayonesa. Estos están durmiendo en sus latas.

El suegro está serio, dice: "¿pero no es lunes hoy?".... Sí, claro.... "entonces, ¿es que aquí no trabaja ni dios?"....Son las siete y media. 

Despacio, despacio, mirando a todos lados y haciéndole mirar a él, nos acercamos al camping. Veo, de lejos, a la Pily que anda entre las tiendas. Le doy una ráfaga con las luces largas y, al verme, hace señales de que nos acerquemos. 

Entramos por mitad del prado. Y, al llegar a la cuñá, nos larga una bolsa de plástico con algo parecido a bollos de "pan bimbo". ¡Eureka!¡los encontró!....

Estaba claro. Pily nos había oído salir y, al ver que nos íbamos hacia el sur, ella cogió el otro coche y se fue para el norte. Encontró no sé qué cosa abierta y compró lo primero que pudo...

Volvió al camping y estaba atenta a que llegáramos.

En fin que la Pily fue, vio, compró y venció 

Al cabo del rato,  el suegro, de mucho mejor talante,  nos decía: "Sois una panda de despistados"... 

Pues sí. 

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